sábado, 9 de abril de 2016

EUTANASIA DE GEMELOS

20 de Enero de 2013 Bélgica, uno de los países europeos con legislación más avanzada y moderna en materia de eutanasia, enfrentó recientemente una solicitud única por sus características. Unos gemelos idénticos que siempre vivieron juntos, trabajaban como zapateros y que padecían sordera congénita, solicitaron la eutanasia después de que les comunicaron un padecimiento genético que los dejaría ciegos a corto plazo. Al momento de la solicitud contaban con 45 años de edad y solamente se publicaron sus fotografías. La legislación de aquel país contempla la aplicación de la eutanasia si el solicitante posee capacidad plena para tomar decisiones, además de tener muy claros sus deseos, pudiéndolos expresar, y está en una situación de sufrimiento insoportable a juicio del médico. Durante 2011 reportó ese gobierno mil 133 casos de eutanasia, la mayoría, por tumores malignos ya sin posibilidad de tratamiento, representando uno por ciento de las muertes. El doctor David Dufour presentó el caso proponiendo la eutanasia, expresando que los gemelos habían tomado la decisión con plena consciencia y se mostraron francamente aliviados y felices al momento en el que se les comunicó que podrían acceder a ella. El caso es por completo diferente y único en vista de que ninguno de los dos individuos se encontraba en situación de dolor físico extremo, ni padecían enfermedad terminal. Bélgica fue el segundo país en legalizar la eutanasia después de los Países Bajos y actualmente sólo se aplica a mayores de 18 años; al momento hay una iniciativa de ley para permitir eutanasia en menores de edad y enfermos de Alzheimer. Los gemelos fueron finalmente sometidos al procedimiento y murieron en paz despidiéndose de sus familiares y seres queridos. El caso tiene por supuesto muchos ángulos pero es claro que, bajo su perspectiva, la vida sería insoportable sin tener la posibilidad de convivir con su hermano bajo las nuevas condiciones. La eutanasia frecuentemente desata discusiones interminables al momento de entenderla, en abstracto, como el acto de matar a una persona y no como lo que es, un acto piadoso que contiene el respeto a la dignidad para morir, trance inevitable por cierto para todos y todas; las dudas se hacen presentes al momento de preguntar por el estado mental específico en el instante mismo de la decisión, porque podría estar contaminada por alguna circunstancia como la depresión (que aquí sería extrañamente compartida), para lo que algunas legislaciones como la holandesa toman precauciones. En el caso que nos ocupa, podríamos acudir a una ponderación psiquiátrica tendiente a establecer que la eligieron cabalmente frente a la posibilidad de continuar una, quizá, larga vida y de asegurarnos que escucharon serenamente las razones esgrimidas por quienes intentaron persuadirlos; pero si efectivamente se comprueba la libre elección de ese camino, no encuentro razones éticas para obligarlos a continuar viviendo. Es entonces que la medicina moderna, con sus sofisticadas herramientas, puede ponerlas a su servicio, como ocurrió, asegurándoles una muerte digna y sin sufrimiento.VVVVV

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